EL DESEMPLEO COMO FACTOR DE ESTRÉS

El trabajo es una de las actividades más significativas de nuestra vida. Llega a estructurar prácticamente toda nuestra existencia, influyendo en cosas tan aparentemente simples como nuestra rutina y costumbres, es decir, a la hora en que nos levantamos, qué comemos, cuándo y dónde, los tiempos que dedicamos a estar con la familia, etc. Por otra parte, el trabajo le aporta al individuo una identidad social, la vinculación a personas, metas y experiencias compartidas. Convirtiendo así el desempleo en uno de los factores más estresantes que pueda afectar al individuo, llegando éste a experimentar sentimientos de inutilidad, inseguridad, frustración, culpa, rabia, aislamiento social, etc, que terminan generando cambios considerables en su autoestima. Ahora cuando la situación se extiende a lo largo del tiempo, tiende a producirse, además, una disminución en la motivación, surgiendo la sensación de que haga lo que se haga va a dar igual porque no va a haber ningún cambio a mejor.

Esta problemática tiende a afectar a todo el sistema familiar, llegando éste a culpabilizar al desempleado de su situación, generando inevitablemente presión en él para que sea más activo en su búsqueda de trabajo. Apremiándolo, sin considerar que buscar trabajo es una de las actividades más importantes del desempleado, pero la vida no se debe limitar solo a eso. La familla también tiende de forma natural a asignar nuevas tareas al familiar desempleado, dado que posee más tiempo, tareas que no realiza habitualmente y son labores que a nadie le agrada hacer. Se debe evitar ese utilitarismo del desempleado como alguien que tiene que hacer lo que los que trabajan no pueden. Ya que ello activa la visión negativa que el desempleado tiene de si mismo y acelera la presencia de los síntomas desadaptativos en relación a lo emocional y motivacional.

¿Cómo sobrellevar esta problemática? En lo posible hacer que nuestro familiar desempleado se relacione con otras personas y grupos. Procurar que no se sienta solo. No evitar el tema, hablar del mismo con naturalidad y sin dramatismos. Hacerle sentir que no es sólo su problema, sino que es de toda la familia, y que siendo grave no es irreversible. Reforzar todos los aspectos positivos que nuestro familiar desempleado tiene, también ayuda el reconocer sus intereses y preferencias profesionales, así como colaborar activamente en su proceso de búsqueda de empleo, siendo sinceros en la conveniencia de las alternativas (no coger lo primero que surja por el mero hecho de dejar de ser desempleado). Por último, debemos potenciar los “aspectos positivos” de la situación, aunque parezca difícil, un mayor contacto con la familia y los amigos, la posibilidad de realizar actividades gratificantes, retomar actividades pendientes, etc. Sin embargo, se hace necesario enfrentar todo tipo de problemáticas con éxito, porque la vida tiene altos y bajos y la gracia está en aprender a sortear los obstáculos y aprovechar las oportunidades para realizar cambios que aunque muchas veces sean obligados, no por eso son malos.

Jessica Flores R.

Terapeuta Familiar

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